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Inmaculada, F. Zurbarán, 1661 |
El
8 de Diciembre, día de la Inmaculada, es un día en el que se nos invita a
dirigir nuestra mirada a María, este año, además, es la fecha de inicio del Jubileo Extraordinario de la Misericordia, hasta el 20 de noviembre de 2016. También coincide con el Adviento,
el tiempo de la espera, tiempo en que anhelamos la venida del Señor
como lo hizo María, tiempo en que preparamos nuestro corazón para
acoger a “aquel que nos salva”, al único capaz de librarnos de nuestras esclavitud, y este año llega hasta nosotros
con una llamada muy especial: el año Santo de la Misericordia.
Dios
Padre, que se revela a Moisés como un dios compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico
en clemencia y lealtad, no
ha cesado de manifestar a lo largo de la historia de la salvación,
en diversos modos y circunstancias,
su naturaleza divina, y cuando todo estaba dispuesto
según su plan de salvación, en la plenitud de los tiempos, Él
envió a su Hijo nacido
de la Virgen María para revelarnos de manera definitiva su amor.
Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre, quien
lo ve a Él ve al Padre. Jesús
de Nazaret con su palabra, con sus gestos y con toda su persona
revela la misericordia de Dios
El
papa nos recomienda que custodiemos nuestro corazón para estar
atentos y percibir cuando la gracia de Dios llega a nosotros, no sea
que no la reconozcamos y pase de largo. Debemos estar atentos para
comprender el tiempo de Dios, estar
preparados para comprender cuando
Dios pasa y saber
recibirlo por nuestro
corazón. De ahí la
importancia de “custodiar el corazón de nuestras pasiones”. Y es
que tenemos muchas pasiones en el corazón, demasiadas: la soberbia,
la ira, el egoísmo, la vanidad, la idolatría a tantos y pequeños
ídolos de lo cotidiano que nos absorben, un erróneo sentido de la
dignidad personal... Para custodiar el corazón necesitamos
eliminarlas y sustituirlas por la humildad, la paz, la serenidad, la
pureza, la magnanimidad, la amabilidad. En realidad se trata, dice
Francisco dejar espacio
a la «humildad, benevolencia, paciencia que sólo mira a Dios y
tiene el corazón abierto al Señor que pasa»

Podemos
invitar a María en este Adviento a que nos visite, a que venga a
nuestras casas como Virgen
Peregrina, ella es también una puerta de la Misericordia de Dios por
la que se cuela en nuestras casas para llegar a todos los rincones de
nuestro corazón y el de nuestros seres queridos, y que haga de cada
uno de nosotros puertas de misericordia para los demás ayudándonos a
poner en prácticas las Obras de Misericordia. En María vemos que la humildad y la ternura no son virtudes de los débiles sino de los fuertes, que no necesitan maltratar a otros para sentirse importanrtes. En esta dinámica de justicia y ternura, de contemplar y caminar hcia los demás, es lo que hace de la Virgen María, un modelo eclesial para la evangelización(1).
(1) Homilia del papa Francisco en el congrteso: "La Virgen icono de la belleza de Dios" Roma, 20 noviembre, 2014, http://santopadrefrancisco.com/francisco-a-las- academias-pontificias-aprendamos de maría.
(1) Homilia del papa Francisco en el congrteso: "La Virgen icono de la belleza de Dios" Roma, 20 noviembre, 2014, http://santopadrefrancisco.com/francisco-a-las- academias-pontificias-aprendamos de maría.