El Rosario, nos decía el Papa Juan Pablo
II nos ponen en comunión vital con Jesús a través del Corazón de su Madre. El
primer ciclo del Rosario es el de los «misterios gozosos», caracterizados por
el gozo y el regocijo de los acontecimientos de la vida de Cristo que allí se contemplan,
aunque anticipa indicios del drama de la pasión. María, en los misterios
“gozosos, nos enseña a comprender el secreto de la alegría cristiana, porque nos
ayuda a profundizar en su sentido mas
hondo. Si nos fijamos en el misterio de la Encarnación y el sombrío preanuncio
del misterio del dolor salvífico, vamos aprendiendo que el contenido del
cristianismo es la “buena noticia” de Jesucristo, la Palabra de Dios hecha
carne, único Salvador del mundo. Es en estos
misterios gozosos en los que mayor presencia tiene la Virgen María.
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La Anunciación, mosaico en San Salvador in Chora, Estambul |
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La Visitación, de Pietro di Francesco degli Orioli, s. XV |
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La Adoración de los
pastores, B. E. Murillo,
ca 1567, Museo
del Prado |
Con los misterios, primero, de la presentación de Jesús, y
luego de la pérdida y hallazgo del Niño en el templo, aun manteniendo el sabor
de la alegría se anticipan indicios del
drama, señala el Papa Wojtila. La
presentación en el templo expresa la dicha de la consagración y extasía al
viejo S
imeón, porque sus ojos han visto la salvación, pero contiene también la
profecía de que el Niño será «señal de contradicción» para Israel y que una
espada traspasará el alma de la Madre. Aquí, en el templo, vemos a María, que
concibió al Hijo por obra del Espíritu Santo como ahora lo devuelve al Padre
regalándolo sin reservas. Ella, señala padre Kentenich nos enseña a entregar
por los hombres aquello que más amamos.
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La Presentación de Jesús en el Templo. Luis de Morales, 1560-1568. Museo del Prado |
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Cristo en el Templo. Heinrich Hofmann 1884 . |
Jesús tenía conciencia de que “nadie conoce bien al Hijo si no el
Padre”, pero María vivía el misterio de la filiación divina de Jesús sólo por
medio de la fe, ella también vivió su itinerario de fe. Con María aprendemos a
avanzar cada uno en su propio itinerario de fe, a vivir ocultos con Cristo en
Dios por medio de la fe. En este
misterio, nos orienta padre Kentenich, podemos ver como el Señor permite que María sufra en
Jerusalén para preparar su corazón a más grandes sacrificios, para que un día
pueda estar al pie de la cruz. De este modo nosotros también aprendemos, con
María, a permanecer tranquilos cuando Dios quiere formarnos como instrumentos
para la redención del mundo.
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Detalle de La Adoración de los pastores, B.E. Murillo, ca 1567, Museo del Prado |
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Niña trabajando en una extracción minera |
[1] Este artículo ha sido elaborado partiendo de la Carta apostólica Rosarium
Virginis Mariae del Sumo Pontífice Juan Pablo II al episcopado,
al clero y a los fieles sobre el Santo Rosario, 16 de octubre 2002, 2, 20 y 40. Y el libro del padre José Kentenich, Hacia el Padre. Oraciones para el uso de la familia de Schoenstatt, Nueva Patris, Chile, 2009, 113-115
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