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“Los que en buena tierra” son aquellos que conservan la palabra en el corazón |
María, en la encíclica Lumen Fidei[1], nos enseña fundamentalmente a ser como ella: buena tierra para que la Palabra de Dios fructifique a través nuestro, y a estar totalmente implicados en la confesión de fe, que proclamamos en el Credo.
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“Salió un sembrador a sembrar
su simiente...” (Lc 8,5
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Cuando la
Palabra de Dios se dirige a María, ella la acogió con todo su ser para que se
encarnase en ella y naciese como luz para los hombres. Y junto con la Palabra,
dice san Justino que concibió fe y alegría, lo que significa que cuando nuestra
vida espiritual da fruto somos personas más alegres, somos capaces de
transmitir alegría porque la alegría es el signo más evidente de la grandeza de
la fe. Alegría que sólo puede brotar de un corazón creyente, puntualiza el
obispo de Córdoba don Demetrio Fernández [2].
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“La simiente es la palabra de Dios” (Lc 8, 11) |
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“Feliz la que ha creído que se
cumplirían
las cosas que le fueron dichas
por parte del Señor” (Lc 1,45)
( Madonna, de Pompeo
Bartoni) |
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La Santísima Trinidad, El Greco |
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Benedicto XVI completaba con esta encíclica
su trilogía sobre las virtudes teologales,
al no terminarla se la pasó al papa Francisco
que la asumió e hizo suya |
[1]
Francisco, Carta encíclica Lumen Fide, 20 junio 2013 ,núms 58,59,60
[2]
Demetrio Fernández, Obispo de Córdoba, “Lumen fidei” una encíclica a cuatro
manos”, en Iglesia en Córdoba, 382 (14 julio 2013 ), 3
[3].
Ibíd
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