1. Redescubrir a María unida a Cristo Jesús y a
la Iglesia.
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Detalle
de la cruz de la unidad de Schoenstatt,
que traduce la íntima unión de Cristo y Maríal |
Decimos que España es tierra de María, que
Andalucía es tierra de María, sin embargo la imagen que tenemos de la Virgen es
muy incompleta. Habitualmente la Virgen María es la madre del cielo a la que le pedimos favores o que soluciones nuestros problemas. Eso en sí no es
erróneo porque el Señor nos concede lo que le pedimos a través de María si eso
está en el plan de Dios, pero no siempre la piedad mariana desemboca en un
encuentro con Cristo que transforma la vida del cristiano. Cuando Cristo desde
la cruz nos entrega a su madre no es solo para que nos soluciones problemas,
sino también para que ella nos eduque y nos lleve a Jesús. En consecuencia, si
queremos reencontrarnos con la Virgen tenemos que ampliar el conocimiento sobre
ella para comprender por qué Dios Padre nos la da través de su Hijo Jesús. Si
queremos relacionarnos de otra manera, que nos diga algo, que nos de respuestas
vamos a encontrarla unida a Cristo Jesús, ligada a la Iglesia, y sintiéndonos sus
instrumentos.
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María y el Espíritu Santo, detalle de la Anunciación, Fray Filippo Lippi |
Pablo VI señaló la necesidad que los ejercicios de piedad, en los que
los fieles expresan su veneración a la Virgen, manifestasen con claridad el
puesto que María ocupa en la Iglesia,la veneración a María debía abrirse a
perspectivas eclesiales, y a los pastores correspondía que los textos de la
piedad cristiana expresasen con mayor nitidez la acción vivificadora del
Espíritu Santo, la misteriosa relación existente entre el Espíritu Santo y la
Virgen de Nazaret, con ello se lograría una piedad más intensamente vivida.
2. María como educadora en los textos del
Vaticano II y de los papas. De Pablo VI a Francisco.
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| Papa Pablo VI |
María está presente en numerosos textos del
concilio Vaticano II, pero para centrarnos en su misión de educadora nos
referimos a la Constitución Apostólica Lumen
Gentium número 63, que nos dice que la Virgen, quien por su maternidad
divina esta unida al Hijo Redentor, y por sus singulares dones y gracias está
unida a la Iglesia, dio a luz al Hijo, a quien Dios constituyó como primogénito
entre muchos hermanos (Rom 8,29); a saber los fieles, “a cuya generación y
educación coopera con materno amor”. Hemos visto como el papa Pablo VI se esforzó
en aportar a la Iglesia una renovada y más completa imagen de María en la
exhortación apostólica Marialis Cultos.
Y
Juan Pablo II retoma, en Redemptoris Mater,
el texto paulino y el conciliar para decirnos que cuando alzamos los ojos hacia
la Virgen María, en cualquier lugar del mundo, es precisamente por eso, porque María
dio a luz al Hijo de Dios, y porque coopera con amor materno a la “generación y
educación” de esos hermanos y hermanas, que somos todos los fieles hijos de la
madre Iglesia
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Juan Pablo II ante la imagen
de la Virgen de Guadalupe |
En la catequesis sobre María, el Papa Wojtila
señalaba que María, madre del Hijo de Dios, lo engendró en su naturaleza humana
y educó con su amor materno, contribuyendo al crecimiento humano de la persona
divina, de Cristo,
y eso le permite educarnos y modelarnos, con
la misma diligencia, hasta que estemos plenamente configurados en Cristo. Esta
acción de María se fundamenta y subordina a la acción de Cristo, es decir que
nuestra devoción a María favorece, y de ninguna manera impide, la unión de los
creyentes con Cristo, como ya señaló el Vaticano II. Juan
Pablo II experimentó en su vida de tal modo esa relación de María
con Cristo que hizo de él la base de su lema episcopal Totus tuus.
Un lema que, a su vez, está inspirado en la doctrina de san Luis María Griñón
de Monfort, para quien la devoción a María es la que más consagra y conforma un
alma a Jesucristo.
El papa Juan Pablo II puntualizaba que donde más profundamente unidos se
encuentran los caminos de Cristo y de María es en el Rosario. ¡María no vive
más que en Cristo y en función de Cristo!.
Y en esta faceta de María como educadora del
Hijo de Dios queremos detenernos de la mano de Juan Pablo II. Como a todo ser
humano el crecimiento de Jesús, desde su infancia hasta la edad adulta,
requirió la acción educativa de sus padres. El evangelio de Lucas nos muestra
que Jesús se hallaba sujeto a José y a María, estaba abierto a la obra
educativa de ambos.
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Sagrada Familia (1660-1670) Museo Hermitage, Sampeterburgo |
Dios había colmado a María de dones especiales que la
hicieron especialmente apta para desempeñar su misión de madre y educadora, en
ella Jesús pudo encontrar un modelo a seguir e imitar y un ejemplo de amor perfecto a Dios y a los hermanos.
Jesús contó también con la figura paterna de José quien cooperó con María al
crecimiento y maduración personal del Salvador de la humanidad, luego le enseñó
el oficio de carpintero con lo que le permitía insertarse en el mundo del
trabajo y en la vida social. María encontró en la
psicología humana de Jesús un terreno muy fértil, y si bien la acción educativa
de María estaba dirigida a un hijo tan singular, lo cierto es que ayudó a Jesús
a crecer “en sabiduría, en estatura y en gracia” y a formarse para su misión.
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| El papa Francisco con una imagen de la Virgen |
El Papa Francisco también incide en la faceta educadora de la Virgen y nos dice que "María como buena madre nos educa a ser, como Ella, capaces de tomar decisiones definitivas, con aquella libertad plena con la que respondía "si" al plan de Dios para su vida"[11]. Este florecimiento de la pastoral y
pedagogía marianas en la Iglesia de hoy parece responder a una iniciativa del
Espíritu Santo, que quiere colocar a la Santísima Virgen más y más en primer
plano. El Papa Juan
Pablo II dijo que, después del Concilio Vaticano II (1959-1965), el culto
mariano parecía destinado a desarrollarse en armonía con la profundización del
misterio de la Iglesia y en diálogo con las culturas contemporáneas, para
arraigarse cada vez más en la fe y en la vida del pueblo de Dios peregrino en
la tierra[13].
A ese desarrollo armónico del
culto mariano con el misterio de la Iglesia y con la cultura contemporánea he querido contribuir destacando esa faceta educadora de la Virgen, a la que vengo
haciendo referencia, pues si bien he recogido palabras del concilio Vaticano y
de los papas sobre ella, ahora quiero destacar el pensamiento de un profeta del
siglo XX el padre José Kentenich, que se adelantó en muchas décadas a
presentarnos a María como madre y educadora.
3. El Padre José Kentenich, adelantado de su tiempo.
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| P. J. Kentenich joven |
En
octubre de 1912 el padre Kentenich, Fundador de Schoenstatt, decía que “Bajo la protección
de María queremos educarnos a nosotros mismo”, y en octubre de 1914, consciente
que sólo con la autoeducación no se podía avanzar mucho, sino que había que
incorporar a la Virgen “más fuertemente como educadora en la Familia”, le pide
la María: “Tú tienes que tomar nuestra educación en tu mano”. Este revelar a la Santísima
Virgen como nuestra Educadora es uno de los aportes más claros que padre
Kentenich regala a la Iglesia. La Virgen es nuestra Madre en la fe, y si ella
es verdadera Madre su tarea consiste en educarnos para que Cristo nazca en
nosotros y tome forma en nosotros. Nuestra tarea consiste en hacer crecer el
amor a la Virgen María, no solamente por el amor natural de madre, sino hacer
comprender que “ser madre” es ser colaboradora permanente de Cristo.
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P. José Kentenich,
fundador de Schoenstatt |
Siguiendo al padre N.
Schwizer, podemos afirmar que el Padre José Kentenich, estaba profundamente
convencido que nuestro siglo y los tiempos futuros pertenecerían a María. Ya en
el año 1951 expresaba, de forma concisa que lo mariano constituye un poder
gestador del futuro, que la Iglesia en las nuevas playas va a ser tan
marcadamente mariana, como en aquellas fechas no podían imaginarlo. Tras el
Concilio Vaticano II y el mensaje mariano de Juan Pablo II, aquellas palabras
ya no parecen exageradas, y la Iglesia en el futuro va a estar hondamente marcada
por la presencia y acción de María. Desde el inicio de su labor pastoral, el
Padre Kentenich se situó en esa perspectiva que ha señalado, con tanta
claridad, el Espíritu Santo a través de los papas. Su convicción de la
actualidad de María en nuestro tiempo, es el resultado de su experiencia personal,
porque desde su infancia experimentó, paso a paso, el amor y el cuidado
maternales de María y a ella se entregó filialmente en sus manos de educadora.
Descubrió en ella el ideal de la personalidad cristiana capaz de responder a la
problemática del hombre moderno. Por eso, invitó a los suyos a sellar con María
una Alianza de amor.
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Madre Tres Veces Admirable de Schoenstatt |
El movimiento apostólico de Schoenstatt nace del amor a
María, crece y se fortalece en la medida en que se arraiga profundamente en ese
amor, y se sabe portador de un carisma y una misión Mariana para el tiempo
futuro. Su gran misión es hacer nacer a Cristo en nuestros corazones y preparar
el advenimiento de su reino. La Virgen María es la gran educadora de los
cristianos, conducirá la Iglesia hacia su renovación, para hacerla alma de una
nueva cultura.
Pablo VI Exhortación apostólica Marialis cultus para la recta ordenación desarrollo del culto
a la santísima Virgen María, núms. 27 y 28 (2 febrero 1974).